Intramuros

Autor: Ricardo Chamorro

Para abordar las imágenes que nos presenta Correa, desde el punto de vista del espectador que se pone frente a la pantalla, es necesario estar atento a simbologías familiares y por lo tanto es necesario tener presente la idea de familia. Correa no quiere atacar ni mucho menos defender el concepto. Pero si previene, a primera vista (aunque suene paradójico decirlo) contra una visión demasiado optimista de las familias. En una sociedad como la nuestra, totalmente familiar en su concepción y organización aunque no necesariamente en su realidad práctica (los que tienen una esposa e hijos muchas veces tienen amantes y otros hijos, etc), plantear el tema puede ser una herejía. Veamos de que se trata.
Nos encontramos otra vez con los personajes de Bipolar, los bloques negros. Pero esta vez es una nueva situación la que les incomoda. La historia se inicia con un viaje por el interior de los muros. Un viaje que no parece fácil. Los personajes se estorban en su avance. Este viaje conduce a otra realidad, a un espacio amplio donde tiene lugar una nueva lucha. Al principio podría pensarse este viaje como un rito de pasaje . Sin embargo, los ritos de pasaje, en todas las culturas, tienden a ser únicos en la vida del individuo, como el nacimiento o la muerte. Lo cotidiano y, quizá, decadente de la estética nos previene contra situaciones radicales o fundacionales. La situación mostrada es rutina y está ocurriendo constantemente. Y la escena central, la que ocurre en un espacio virtual del intramuro es un enfrentamiento. Este enfrentamiento tiene influencia sobre los objetos del mundo externo al intramuro. Las tazas vibran, cuchillos y tenedores adquieren un cierto movimiento, el cuadro en la pared cae dejando un agujero a la vista. Por supuesto, ese agujero es de suma importancia desde un punto de vista visual. Permitiría a un observador externo acceder a la escena. Los demás objetos tienen una íntima relación con la cotidianeidad Todo en el video de Correa es lo cotidiano. El baño, las luces, el ruido de una tetera que hierve. No hay una pretensión épica. Luego de una lucha bastante dura entre los elementos indiferenciados sobrevienen los símbolos de la degradación. Caen gusanos, polvo y hormigas sobre los personajes que comienzan lentamente a moverse a lugares opuestos de esa caja. Hay una especie de danza en todo esto, una coreografía que lleva de los momentos más violentos a los más pacíficos. Los espectadores salimos de la escena (los personajes ya habían salido antes, expulsados) a través del agujero en la pared. Un par de manos misteriosas, un alguien, cubre ese agujero otra vez con el cuadro de la pareja. El ruido de la tetera hirviendo acompaña este acto.
La breve descripción anterior, nos podría remitir a muchas formas de “ver” el cortometraje. Repasaré algunas de ellas.

El secreto

Una posibilidad tiene que ver con el concepto del “El secreto de la familia”. Se refiere a lo que se oculta, lo que no se muestra al público, lo reprimido por las formas sociales, pero que se expresa al exterior a través de imágenes clave. Se afirma, mediante esta teoría, que toda familia tiene un secreto. Para Correa el papel floreado y el cuadro en la pared son el reflejo de lo que se oculta en las profundidades. Es lo consciente para una parte, quizá, importante de nuestra cultura. La lectura de ambos símbolos tiene un carácter maligno en alguna medida, el papel floreado y el cuadro en la pared se transforman en el símbolo de lo que se quiere ocultar, para un espectador suficientemente desconfiado. Al mostrarse hacen sospechar al espectador. Eso es curioso, porque ambos elementos fueron, por lo menos en alguna época de nuestra historia, símbolos de futuro. La felicidad de la familia, burguesa y católica, se expresaba y se señalaba (se “marcaba”) mediante el cuadro del retrato en la pared y el papel floreado. El retrato en la pared, también, satisfacía un cierto deseo fundacional de los retratados. Pretendían transformarse en los ancestros originales de toda una descendencia, de una dinastía, pretendían, con eso, ser una especie de Adán y Eva, padres primordiales. Por supuesto que esto no es más que una ficción. De esas ficciones se alimentó la sociedad chilena de la segunda mitad del siglo 20. Pero el destino de esa ficción fue el fracaso. Pocos lograron la fundación de dinastías. Los retratos de pareja en la pared tienen un sabor ingenuo cuando uno los observa y los descubre en algunos “living-comedor” de casas de barrio; fáciles de transformarse en ironía.
Quisiera recordar aquí que este concepto, el secreto de la familia, tiene una cierta relación con los seres Kafkianos. Uno se recuerda de inmediato del archianalizado “La Metamorfosis”: la familia es perfecta pero en el cuarto de arriba se esconde un ser que es como un escarabajo. Ese ser es el secreto de la familia que no se puede dejar salir a flote. Ahora bien, Kafka hace algo mas: trasforma al insecto (que antes fue un hijo) en un chivo expiatorio. En él se depositan todos los males de la familia y cuando el chivo expiatorio desaparece, el secreto se hunde con él. Esto mismo lo podemos ver en otro cuento de Kafka: La Condena. Correa alude a símbolos similares: hay un secreto en la familia y este secreto, pasional, rudo, destructivo y repulsivo, se esconde y habita en los muros. Allí repite su tragedia por siempre en una cadena absurda de acontecimientos tan absurda como la de Sísifo. Pero Correa da menos esperanza que Kafka: no presenta chivo expiatorio. Y por otro lado, no existe un único ser en el intramuro: es una cantidad innumerable. El drama por tanto, los seres ocultos en el intramuro, se mantienen allí por siempre sin posibilidad de expiación. Los bloques acuden a este mundo de gusanos y se angustian en ese mundo .


La pareja ideal

Como digo, son múltiples las lecturas que pueden hacerse al video de Correa. Otra más tiene, y con un sentido más unitario, alude al concepto de pareja ideal. La pareja ideal es, de partida, una ficción. Una ficción supersticiosa en la que se cree hasta que se pierde la inocencia. Durante una época histórica en Chile y, aun hoy, en muchas capas de la sociedad existe el concepto de pareja ideal. Dicha concepción , pretende que cada hombre y cada mujer tiene solo una pareja ideal y aquella existe en el mundo de las ideas. Por eso a los hombres corrientes no nos queda más que conformarnos con la pareja real que nos toque. El video de Correa tiene una pareja ideal asociada, que es el símbolo extraído desde el mundo de las ideas; hablo del retrato anticuado que cubre el papel floreado. Y esa pareja ideal posee visualmente, en este contexto, la simbología de lo ideal: flores, café servido, lo cotidiano de la familia nuclear. Pero la pareja real, que es un reflejo de lo anterior, y que es la pareja que viaja al intramuro, posee una verdad distinta. En esa realidad oculta hay una violencia que se sospecha afuera por la vibración del café o los cuchillos que se mueven. Una violencia destructiva, que trae a colación lo repugnante dado por los gusanos y la degradación dada por el polvo. Podría decirse, incluso, que esta pareja tiene una sexualidad muy estilizada, casi una danza sexual, entre los bloques indiferenciados. El hecho que sean indiferenciados es nuevamente sorprendente. No se sabe de géneros en el intramuro. No hay una problemática de esa índole sino mas honda y mas profunda, la problemática de vivir en pareja.

La “visualidad”.

Visualmente los gusanos son una imagen fuerte, y también, en términos visuales, no se puede negar que hay una combinación de elementos opuestos con una cierta relación; la dureza de los bloques se une a la redondez de las formas gusanas. Los muros, la fuerza de los bloques, la destrucción de prácticamente todo, el polvo que da esas formas como de cabellera, cabelleras puntiagudas y negras, adosadas a una pieza de piedra negra. Hay un cierto ruido que en todo momento alude a la vida y no a la máquina. Junto con lo anterior, un importante elemento en la estética de Correa tienen que ver con el papel mural elegido. Dicho papel da una atmósfera kitch, como primerísima lectura, pero también nos puede recordar el ambiente de decadencia que se observa en “El Festín Desnudo” de Cronemberg. Dicha atmósfera es pesada, oscura, turbia, alude mas a lo terrible que a lo real. ¿No hay realidades en el texto del Correa? Hay subrealidades, submundo, está lo subterráneo por sobre todas las cosas y lo subterráneo es el inconsciente que aflora. En ese inconsciente que nos devela Correa (¿el propio inconsciente del autor? ¿Un inconsciente colectivo generacional?) el papel floreado tiene una importancia capital.
Hay un detalle mas en el cual reparar. Se trata del hecho que las dos piedras negras iguales, ya personajes entrañables e inseparables en alguna medida, se unen para ir a explorar el intramuro. Se trata de un ingreso a un mundo oscuro, a un submundo, un viaje al lugar donde se encuentran los secretos. Y su esfuerzo por ingresar es recompensado: llegan a conocer el secreto. Se trata de un rito de pasaje y como todos los ritos de pasaje tiene algo de iniciático. Se debe conocer el secreto para poder crecer y llegar a un estado más superior. La historia no termina con la salida de nuestros personajes al mundo exterior. Si se nos revela un elemento de ese mundo exterior: el disimulo, el esconder el secreto al que nosotros como espectador hemos accedido. “La puerta estaba reservada solo para ti. Ahora que haz muerto, voy a cerrarla”, dice Kafka. Es muy sorprendente además que la pareja real de nuestros tiempos, necesite, para Correa, ser representada como dos bloques negros indistinguibles entre si. Pero sin duda se trata de una metáfora muy cercana.